«No hay nada como tomarse el tiempo necesario para contagiarse de la tranquilidad de una cascada, escuchando el sonido del agua contra las rocas.».
Liffey Falls, cerca de Deloraine, fue uno de los numerosos lugares mágicos que descubrieron Gayle y Terry durante el año que pasaron en Tasmania. Al día siguiente de casarse, la pareja dejó Brisbane y llegó a Hobart, donde Terry empezaba en un nuevo trabajo. Sin tiempo para una luna de miel, Terry y Gayle se propusieron hacer excursiones por Tasmania siempre que tuviesen oportunidad.
«Descubrimos que en Tasmania existen todos los paisajes de la Australia continental, en tamaño compacto. La isla se puede recorrer de extremo a extremo en coche en menos de un día, y atravesarse siguiendo distintas rutas. Al salir de cada curva te encuentras una postal», comentó Gayle.
Como a Gayle y Terry los visitaban con frecuencia familiares y amigos, ambos miembros de la pareja se convirtieron en seguida en expertos en excursiones desde Hobart. Uno de sus destinos preferidos era la península de Tasmania, donde se encuentran la histórica colonia penal de Port Arthur y los espectaculares acantilados del Parque Nacional de Tasmania. La península está unida al territorio principal de Tasmania por el istmo de Eaglehawk Neck, donde Terry y Gayle contemplaron fantásticas formaciones rocosas como el Blowhole (géiser) y el Tessellated Pavement (pavimento con forma de mosaico).
«También descubrimos un peculiar pueblo llamado Doo Town, donde la gente le ha puesto a sus casas nombres que siempre contienen la palabra ‘Doo’, como Xanadoo y Gunnadoo. Los habitantes de Tasmania tienen un gran sentido del humor, y saben cómo divertirse», afirmó Gayle.
La pareja también disfrutó visitando el Parque Nacional de Mount Field, donde se encuentran las «deslumbrantes cataratas Russell, a las que incluso se puede acceder en silla de ruedas». Al sur de la ciudad, Terry y Gayle disfrutaron de la naturaleza durante un crucero por la escarpada isla de Bruny, donde vieron «focas que tomaban sol en la áspera orilla». A noventa minutos en otra dirección, descubrieron el bosque Tahune, donde caminaron bajo la copa de los árboles, tan altos como un edificio de tres plantas.
Gayle y Terry también visitaron la zona central del norte de Tasmania, donde descubrieron el encantador pueblo de Deloraine, Patrimonio de la Humanidad, y los puntos de interés de los alrededores. Visitaron la cueva del Rey Salomón en el Parque Nacional de Mole Creek Karst, y recorrieron un bosque pluvial templado hasta Liffey Falls, acurrucado en las Great Western Tiers.
En Hobart, su nueva ciudad, a Terry y Gayle les encantaba enseñarles a los visitantes los mercados de Salamanca Markets. Otra de sus experiencias preferidas era saborear un té Devonshire (con auténtica crema de King Island) en el monte Nelson, disfrutando de las vistas sobre el río Derwent.
«Una de nuestras experiencias más memorables la vivimos un día de verano, cuando subimos en automóvil hasta el monte Wellington. En la cumbre encontramos familias que jugaban en la nieve, haciendo muñecos y tirándose bolas de nieve. Menos de una hora después, habíamos llegado hasta la playa, donde la gente tomaba sol y jugaba entre las olas y en la arena. Así es Tasmania: una tierra de contrastes, con todo al alcance de la mano», afirmó Gayle.
Ya ha transcurrido una década desde el inolvidable año que Terry y Gayle pasaron en Hobart. De vuelta en casa, en Queensland, a la pareja le gustaría convertir Launceston en la base de operaciones de su tan postergada luna de miel.
«No es casualidad que Tasmania tenga forma de corazón, porque, sin duda, te lo roba», declaró Gayle.