Escapada al estrecho de Bass

Escapada al estrecho de Bass

Cambie el estrés continental por el aire puro, las playas desiertas, los históricos restos de naufragios y la abundante vida salvaje de las islas Flinders y King de Tasmania.
¿Necesita un descanso después de tanto ajetreo? Si Tasmania tiene un ritmo más lento que Australia continental, en las islas del estrecho de Bass puede bajar el ritmo un poco más.

Geológicamente, la isla Flinders no ha cambiado mucho desde antes de la Edad del Hielo, cuando la isla formaba parte de una franja de tierra que unía Tasmania con Australia continental. Y no fue sino hasta 1773, 12 000 años después, que Tobías Furneaux divisó, por primera vez, Flinders y las 51 islas que la rodean. Se había alejado del Endeavour en medio de una densa niebla, pero se topó con algo mejor.

Hoy, puede tener una visión más clara de esta pequeña joya que es la isla, de tan sólo 64 km de largo y 29 km de ancho. Observe los acantilados de granito rosa y gris del monte Strzelecki y el monte Killiecrankie, y los pequeños arroyos, las dunas de arena costeras y los suaves campos verdes. Vuele desde Launceston o suba a un transbordador desde Bridport. Si viene desde Victoria, puede volar desde el aeropuerto de Moorabbin o ir en barco desde Puerto Welshpool.

En la isla Flinders, solo habitan novecientas personas, y la mayoría de las veces ni se dará cuenta de que están allí. Es más probable que se encuentre con los residentes con piel y plumas: los walabíes y los wombats; pequeños carrizos e itinerantes albatros gigantes. Camine hacia las lagunas del este y las entradas de agua, donde miles de aves migratorias se detienen para descansar de su largo vuelo desde el Círculo Polar Ártico. En el mar, puede ver cómo se zambullen los cangrejos gigantes y cangrejos de río y avistar focas, delfines y ballenas visitantes.

Bass y Flinders exploraron la isla Flinders en barco y a pie, en 1798 y en 1799, y hoy la caminata a la vieja usanza es todavía la mejor manera de recorrerla. Escale hasta la cima del monte Strzelecki en el Parque Nacional Strzelecki. Camine por las largas playas vírgenes en las que se encuentran esparcidas rocas lisas cubiertas con líquenes naranjas y vaya en busca de los topacios a los que les llaman el "diamante” Killiecrankie. Los verdaderos exploradores siempre se llevan algún tesoro.

Quédese en los pequeños pueblos de Whitemark y Lady Barron, o en los asentamientos de Emita y Killiecrankie. Alójese en las casitas junto a la playa, visite los cálidos pubs, los alojamientos con cama y desayuno o mímese en un hidromasaje saludable. Después de comer algunos bocadillos y de navegar en galeras que se mecían, el Capitán Cook y su tripulación habrían agradecido una buena comida ecológica y un masaje relajante.

Para descansar como en el pasado, le encantará la isla King. Está ubicada a 80 km al noreste de Tasmania, en medio de los salvajes vientos del oeste llamados Roaring Forties (vientos fuentes del hemisferio Sur). Se liberará del estrés cada vez que respire una bocanada de aire puro y estimulante.

Descubierta en 1797, la isla fue alguna vez conocida por la cantidad de focas que fueron cazadas, hasta casi extinguirlas. Las grandes lluvias, las pasturas exuberantes y los yacimientos minerales también atrajeron a los esperanzados granjeros, a los mineros y a otros colonos. Hoy en día, las playas vacías, los arrecifes en alta mar, los faros, los restos de naufragios, los mariscos y los productos lácteos atraen a turistas a la orgullosa comunidad de mil habitantes.

Zambúllase en la historia marítima de la isla en más de setenta sitios con restos de naufragios. Haga pesca submarina y observe a los pescadores locales de cangrejos y buceadores de abulones arrastrar sus ricas presas hacia la costa. Visite las famosas plantas lácteas de la isla King, donde puede probar una crema espesa típica del lugar y un fino Brie, a la vez que aprende sobre la historia y la elaboración de los quesos artesanales.

Visite la Reserva Natural Lavinia y aviste los walabíes, los escurridizos ornitorrincos y las aves, desde los extraños loros de vientre naranja hasta grandes águilas marinas. Estará más entusiasmado que un botánico del siglo XVIII por la abundante vida salvaje. Después, diríjase a Currie, el centro comercial al lado del puerto de la isla. Mire cómo amarran los barcos pesqueros mientras come un suculento cangrejo recién pescado. La vida en una isla casi desierta no puede ser más agradable.

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