Escapada al estrecho de Bass

Palana Beach, Flinders Island, Tasmania. © Tourism Tasmania y Steve Lovegrove

Escapada al estrecho de Bass

Cambie el estrés continental por el aire puro, las playas desiertas, los históricos naufragios y la abundante vida salvaje de las Isla Flinders y King de Tasmania.
¿Necesita un descanso después de tanto trajín? Si Tasmania tiene un ritmo más lento que Australia continental, en las islas del estrecho de Bass puede bajar el ritmo un poco más.

Geológicamente, la isla Flinders no ha cambiado mucho desde antes de la Edad del hielo cuando la isla formaba parte de un puente de tierra que unía Tasmania con Australia continental. Y no fue sino hasta 1773, 12.000 años después, que Tobías Furneaux divisó, por primera vez, Flinders y las 51 islas que la rodean. Se había alejado del Endeavour en medio de una densa niebla pero se topó con algo mejor.

Hoy, puede tener una visión más clara de esta pequeña joya que es la isla, de tan sólo 64 kilómetros de largo y 29 kilómetros de ancho. Observe los acantilados de granito rosa y gris del monte Strzelecki y el monte Killiecrankie, y los pequeños arroyos, las dunas de arena costeras y los suaves campos verdes. Vuele desde Launceston o suba a un transbordador desde Bridport. Si viene desde Victoria, puede volar desde el aeropuerto de Moorabbin o ir en barco desde Puerto Welshpool.

En la isla Flinders solo habitan 900 personas, y la mayoría de las veces ni se dará cuenta de que están allí. Es más probable que se encuentre con los residentes con piel y plumas: los walabíes y los wombats; pequeños carrizos e itinerantes albatros gigantes. Camine hacia las lagunas del este y las entradas de agua, donde miles de aves migratorias se detienen para descansar de su largo vuelo desde el Círculo Polar Ártico. En el mar puede ver cómo se zambullen los cangrejos gigantes y cangrejos de río y avistar focas, delfines y ballenas visitantes.

Bass y Flinders exploraron la isla Flinders en barco y a pie en 1798 y 1799, y hoy la caminata a la vieja usanza es todavía la mejor manera de recorrerla. Escale hasta la cima del monte Strzelecki en el Parque Nacional Strzelecki. Camine por las largas playas vírgenes en las que se encuentran esparcidas rocas lisas cubiertas con líquenes naranjas y vaya en busca de los topacios a los que les llaman el "diamante” Killiecrankie. Los verdaderos exploradores siempre se llevan algún tesoro.

Quédese en los pequeños pueblos de Whitemark y Lady Barron o en los asentamientos de Emita y Killiecrankie. Alójese en las casitas junto a la playa, visite los amistosos pubs, los alojamientos con cama y desayuno o mímese en un hidromasaje saludable. Después de comer raciones y navegar en galeras que se mecían, el Capitán Cook y su tripulación habrían agradecido una buena comida ecológica y un masaje relajante.

Para relajarse a la antigua, le encantará la isla King. Está ubicada a 80 kilómetros al noreste de Tasmania, en medio de los salvajes vientos del oeste llamados Roaring Forties (vientos fuentes del hemisferio Sur). Se liberará del estrés cada vez que respire una bocanada de aire puro y estimulante.

Descubierta en 1797, la isla fue alguna vez conocida por la cantidad de focas que fueron cazadas, hasta casi extinguirlas. Las grandes lluvias, las pasturas exuberantes y los depósitos de metal también atrajeron a los esperanzados granjeros, mineros y otros colonos. Hoy en día, sus playas vacías, los arrecifes en alta mar, los faros, los naufragios, los mariscos y los productos lácteos atraen turistas a la orgullosa comunidad de 1.000 personas.

Zambúllase en la historia marítima de la isla en más de 70 sitios de naufragios. Haga pesca submarina y observe a los pescadores locales de cangrejos y buceadores de abulones arrastrar sus ricas presas hacia la costa. Visite las famosas plantas lácteas de la isla King, donde puede probar una crema espesa típica del lugar y un fino Brie a la vez que aprende cómo se hace el queso artesanal y su historia.

Visite la Reserva Natural Lavinia y aviste los walabíes, los escurridizos ornitorrincos y las aves desde los extraños loros de vientre naranja hasta grandes águilas marinas. Estará más entusiasmado que un botánico del siglo XVIII por la abundante vida salvaje. Después, diríjase a Currie, el centro comercial al lado del puerto de la isla. Mire amarrar a los barcos pesqueros mientras come un suculento cangrejo recién pescado. La vida en una isla casi desierta nunca ha sido tan relajada.

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